Mis obras favoritas


Inma Valderas, "Entre el cielo y la tierra"





Admiro más a las personas que luchan por conquistar sus sueños, que a las que luchan por conquistar a sus enemigos, porque la lucha más dura, la victoria más difícil, es contra uno mismo.







lunes, 24 de mayo de 2010

Besos,besos,besos...



Hace tiempo que quería hacer esta entrada, pero siempre lo he ido posponiendo por otras cuestiones. No sé si me envuelve la nostalgia o el cansancio, pero necesito refugiarme en los buenos recuerdos y este es uno de ellos.

Acabo de ver, de nuevo, la escena final de Cinema Paradiso. Es el momento en que Salvatore (Totó) visiona el regalo que Alfredo ha dejado para él. Una sucesión de “besos” inunda la pantalla y Salvatore no puede evitar emocionarse hasta las lágrimas, como tampoco pude evitarlo yo la primera vez que vi la película y esta escena.
Todos esos besos ingenuos, furtivos, apasionados o robados. Besos censurados de la Italia de posguerra que Salvatore fue guardando después de tener que cortarlos. Amputados de las películas a la orden de la campanilla vigilante de la autoridad moral, cobran de nuevo vida en un acto de rebeldía, de amor al cine y de amistad.
En la película: la vida, la amistad, el amor, la historia del cine y la propia historia de un pueblecito del sur de Italia van ineludiblemente ligadas.
Aprovecho para recomendarla. Igual que hay libros que no se pueden dejar de leer, hay películas que no se deben dejar de ver.


Ahora, y descontextualizando la escena de la película a la que pertenece, se me ocurre una pregunta.




¿Qué sería de la vida sin besos?



Klimt, "El Beso"

lunes, 10 de mayo de 2010

Flor rosa

Yahaira Valverde, "Flor Rosa"

La vida está llena de pequeños, pero magníficos, momentos. Cuando vuelves la vista atrás y descubres el dolor pasado y presente, cuando piensas en el dolor futuro, cuando tienes la certeza de que tu paso por la vida no es un cuento; entonces, tienes que agarrarte a la belleza, a la alegria, a la esperanza... En esas ocasiones, te das cuenta de lo importante que es tu tesoro de recuerdos y de realidades. Esas pequeñas cosas que te proporcionan alegria y que te hacen pensar que, aún, todo es posible.
Quería mostraros algunos de mis "tesoros" actuales, pero  la vida me tenía reservada una gran sorpresa: hoy, ha sido especialmente grato descubrir que alguien se había acordado de mi y me había regalado una parte de su tiempo y de su  pensamiento. Hoy me he sentido importante.

domingo, 2 de mayo de 2010

El barón rampante



“Fue el 15 de junio de 1767 cuando Cósimo Piovasco de Rondó, mi hermano, se sentó
por última vez entre nosotros. Lo recuerdo como si fuera hoy.”

Así empieza una gran novela de Italo Calvino, “El barón rampante”. Se desarrolla en la Italia del S. XVIII y nos ofrece una galería de históricos personajes.

“Estábamos en el comedor de nuestra villa de Ombrosa, las ventanas enmarcaban las espesas ramas de la gran encina del parque. Era mediodía, y nuestra familia por tradición se sentaba a la mesa a aquella hora, a pesar de estar ya difundida entre los nobles la moda, procedente de la poco madrugadora Corte de Francia, de comer a media tarde. Recuerdo que soplaba viento del mar y las hojas se movían. Cósimo dijo: «¡He dicho que no quiero y no quiero!», y rechazó el plato de caracoles. Nunca se había visto una desobediencia tan grave.
…Hacía pocos meses, habiendo cumplido Cósimo los doce años y yo los ocho, habíamos sido admitidos a la misma mesa que nuestros padres…en la mesa con la familia, tomaban cuerpo los rencores familiares, capítulo triste de la infancia. Nuestro padre, nuestra madre siempre allí delante, el uso de los cubiertos para el pollo, y estate derecho, y saca los codos de la mesa, ¡constantemente!, y además aquella antipática de nuestra hermana Battista. Comenzó una serie de reprimendas, de despechos, de castigos, de antojos, hasta el día en que Cósimo rechazó los caracoles y decidió separar su suerte de la nuestra…”


Cósimo decide mostrar su disidencia con las normas y convenciones sociales viviendo, a partir de ese momento, en los árboles. Sin dejar de pertenecer a su comunidad, ni de relacionarse con los seres humanos, Cósimo cumple con su promesa de no vivir nunca más en tierra. Entre otras muchas cuestiones históricas y filosóficas, destaca la idea de la bondad de la naturaleza humana, que está presente en toda la novela. Es una interpretación del “buen salvaje” de Rousseau, de hecho éste es uno de los personajes con los que el barón mantiene correspondencia.
Pero no se trata de hacer, aquí, un análisis del libro. Mi único objetivo es recomendar encarecidamente su lectura. Creo que es una de esas obras que no se puede dejar de leer y mientras se lee, disfrutar de cada uno de los secretos guardados y de las reflexiones ocultas en sus páginas, recorrer Ombrosa con el barón y dejar que nuestra mente y nuestros sentidos reinterpreten de nuevo la obra.
En algunas ocasiones, me entran unas ganas “locas” de imitar al Barón y lanzarme tronco arriba hacia la copa del árbol más cercano. Claro que, en mi caso, el viaje terminaría ahí, así pues tendré que conformarme con releer el libro.