Mis obras favoritas


Inma Valderas, "Entre el cielo y la tierra"





Admiro más a las personas que luchan por conquistar sus sueños, que a las que luchan por conquistar a sus enemigos, porque la lucha más dura, la victoria más difícil, es contra uno mismo.







domingo, 28 de febrero de 2010

El juego de las placas



El número de víctimas sigue aumentando en Chile, después de un devastador terremoto de 8,8 en la escala de Richter – el máximo en esta escala es 10 y se desconocen los efectos de un terremoto de estas dimensiones- que ha provocado la caída de edificios, la destrucción de infraestructuras y que se sigue cobrando víctimas.

Chile es una zona de riesgo, más que riesgo, habría que decir de terremotos seguros e intensos. El país está preparado, eso se dice, frente a los movimientos sísmicos. La población sabe cómo actuar y, teóricamente, las construcciones, al menos las más recientes, se hacen siguiendo las normas antisísmicas que garantizan la resistencia de las estructuras ante estos movimientos.

Pero todo esto sólo son palabras. Cuando la tierra tiembla de poco sirve, de nada sirve a aquellos que han perdido su casa, su familia o su vida.

Podemos intentar comprender porque se producen los terremotos: su causa se encuentra en el desplazamiento de las placas tectónicas que forman la corteza terrestre y que debido a las corrientes de convección que se forman en el manto, se mueven: chocando, sumergiéndose una bajo otra o separándose, destruyendo corteza en las zonas de subducción y creándola en otras.



Ya lo hemos entendido y ahora ¿qué?
Durante siglos los seres humanos han rezado a los dioses, les han ofrecido sacrificios, ofrendas y han rogado esperando aplacar su ira, sintiéndose culpables de alguna ofensa que explicara la furia desatada sobre ellos. A día de hoy somos capaces de entender que los dioses (para los que crean en ellos) están ocupados en otras cuestiones y que nuestros sufrimientos, algunos, están derivados de la interacción de fuerzas naturales. No somos culpables de nada, no hemos ofendido a nadie, tan sólo hemos sido incapaces de entender las leyes que hacen que nuestro planeta se mueva, respire o muera. Ahora somos capaces de medir la intensidad de los terremotos, sabemos cuáles son las zonas de máximo riesgo y ¿qué?
Siempre me ha sorprendido la capacidad de los seres humanos para levantarnos, de nuevo, reconstruirnos y continuar. Pero también me sorprende la capacidad de los seres humanos para seguir cometiendo los mismos errores una y otra vez, para seguir creyendo que de algún modo la constancia, la fe, o cualquier otra virtud, evitará que la desgracia caiga sobre nosotros, en lugar de actuar, de tomar medidas. Es una cuestión sin duda complicada y extensible a otros de los problemas que nos acucian hoy.
Me pierdo en mis pensamientos sin poder dar respuesta a todas esas dudas. De momento sólo me queda desear que la tierra deje de temblar, que los chilenos puedan recuperarse de esta nueva tragedia y que seamos capaces de utilizar nuestros recursos de una manera más racional, menos egoísta y menos sujeta a las autoritarias leyes de este sistema económico en el que lo único válido es ganar más, para seguir ganando.

sábado, 20 de febrero de 2010

Romance de la luna, luna


Marc Chagall, "El muelle de Bercy"

Un romance de García Lorca y dos interpretaciones diferentes: Camarón, acompañado por Paco de Lucía y Tomatito y Ana Belén.

Para escuchar la primera interpretación haz clik aquí.



Aunque lo que más me gusta es leerlo.

ROMANCE DE LA LUNA, LUNA

A Conchita García Lorca


La luna vino a la fragua
con su polisón de nardos.
El niño la mira, mira.
El niño la está mirando.

En el aire conmovido
mueve la luna sus brazos
y enseña, lúbrica y pura,
sus senos de duro estaño.

Huye luna, luna, luna.
Si vinieran los gitanos,
harían con tu corazón
collares y anillos blancos.

Niño, déjame que baile.
Cuando vengan los gitanos,
te encontrarán sobre el yunque
con los ojillos cerrados.

Huye luna, luna, luna,
que ya siento sus caballos.

Niño, déjame, no pises
mi blancor almidonado.

El jinete se acercaba
tocando el tambor del llano.
Dentro de la fragua el niño,
tiene los ojos cerrados.

Por el olivar venían,
bronce y sueño, los gitanos.
Las cabezas levantadas
y los ojos entornados.

Cómo canta la zumaya,
¡ay, cómo canta en el árbol!
Por el cielo va la luna
con un niño de la mano.

Dentro de la fragua lloran,
dando gritos, los gitanos.
El aire la vela, vela.
El aire la está velando.

lunes, 8 de febrero de 2010

Woman in art



Desde luego no te permite contemplar la belleza de las obras, pero su efecto me resulta curioso.
Después de observarlo varias veces, de mirar a los ojos a todos esos rostros, siento: armonia, tristeza o resignación - o ambas cosas -  anhelo, éterea esperanza, alguna leve alegria y ausencia de dolor. El dolor y la angustia, definitivamente, no existen.
Las mujeres sufren, sangran, sienten los desgarros de su alma. Sin embargo ninguna de estas imagenes refleja esos sufrimientos. ¿Cuál es la imagen de la mujer más repetida en la historia del arte?, ¿son estas? y, si lo son...